24 ene. 2012

Pompeya: la última noche




   En el 79 d.C. el Vesubio entró en erupción, enterrando bajo una lluvia de lava y cenizas la ciudad de Pompeya. Era una próspera colonia romana cerca del mar, en la bahía de Nápoles. Su suelo volcánico era muy fértil, y  tenía industria textil, ganado lanar  y fábricas de garum, una apreciada salsa de pescado.
               
   La habitaban unas 20.000 personas, de las que unos 8.000 serían esclavos y 12.000 hombres libres. Quedó sepultada con sus concurridas calles comerciales llenas de pintadas en las paredes, sus tabernas, sus termas, sus teatros, el anfiteatro, el lupanar, los templos y las lujosas mansiones. Los contornos de los cadáveres quedaron grabados para siempre en la lava solidificada a su alrededor. Las excavaciones comenzaron en el s. XVIII.



 Conocemos la tragedia de Pompeya por las cartas de Plinio el Joven al historiador Tácito. Nos cuenta cómo falleció Plinio el Viejo, tío y padre adoptivo suyo, intentando salvar a la gente en las inmediaciones del volcán:

   «Solo se oían los gemidos de las mujeres, el llanto de los niños, el clamor de los hombres. Unos llamaban a sus padres, otros a sus hijos, otros a sus esposas. Muchos clamaban a los dioses, pero la mayoría estaban convencidos de que ya no había dioses y esa noche era la última del mundo».




Frescos de la Casa de los Misterios

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